Liturgia y santoral 10/1/15 SÁBADO

SÁBADO
Juan 4,19-21.5,1-4.
El que ama a Dios debe amar también a su hermano.

Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.
El que dice: “Amo a Dios”, y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?
Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él,
La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

Salmo 72(71),2.14.15bc.17.
Ante él se postrarán todos los reyes

Para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.
De la opresión violenta rescata su vida,
y su sangre que es preciosa ante sus ojos.

Que él viva, que le den oro de Arabia, y que sin tregua rueguen por él; lo bendecirán el día entero.
y que sin tregua rueguen por él;
Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz.

Lucas 4,14-22a.
Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura

Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”.

SANTORAL:
Santos: Nicanor, mártir; Agatón, Marciano, presbíteros; Aldo, Gonzalo, confesores; Guillermo (=Willian, Billy), Juan el Bueno, Patrocinio y Domiciano, obispos; Pedro Urseolo, monje; Leonia Francisca de Sales Aviat, beata.

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SAN PEDRO DE ORSÉOLO 928-987
Miembro de una rica familia veneciana, era un buen soldado, capitán de flotas guerreras y vencedor de piratas, cuando se acerca el fin del primer milenio y Venecia va a iniciar su época más gloriosa de poderío y fastuosidad. Posiblemente, también activo conspirador en tiempos del dux Pedro IV Candiano, quien perecerá en una revuelta cuando intentaba proclamarse rey.
Le sucede como dux este Pedro del que ahora se trata, del clan de los Orseoli, y durante unos años se le juzga excelente gobernante que pone orden en la ciudad. Sabemos de él que tenía una esposa y un hijo, y que era hombre justo y muy piadoso, con buena fama entre los venecianos.
Hasta que un día de septiembre de 978, sin avisar a nadie, sin prevenir siquiera a los suyos, renuncia a todos los honores y a la fortuna, sale de Venecia ocultamente y marcha peregrinando a un monasterio del Pirineo rosellonés, San Miguel de Cuxá, donde se hace monje benedictino.
No le bastará una decisión tan radical, y al cabo de unos años elige una vida aún más solitaria, será ermitaño cerca del monasterio, hasta que muere en olor de santidad, florecen los milagros que la confirman y siglos después le canoniza la Iglesia.
La santidad es siempre un itinerario de la dispersión a la unidad, del mundo a Dios, y en este caso de san Pedro de Orséolo se representa desde el balcón del Adriático y sus palacios de Venecia a un rinconcito de los Pirineos, a una celda desnuda, y por fin a una simple ermita en la montaña. Desde la grandeza aparente a la invisible, así se traza el camino de santo dux