Liturgia y santoral 12/9/17 ML: Beato Apolinar Franco

MEMORIA LIBRE: Beato Apolinar Franco, presbítero y mártir
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 2, 6-15

Hermanos:

Ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded según

Arraigados en él, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agradecimiento.

Cuidado con que haya alguno que os capture con esa teoría que es una insulsa patraña forjada y transmitida por hombres, fundada en los elementos del mundo y no en Cristo.

Porque es en Cristo en quien habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y por él, que es cabeza de todo principado y autoridad, habéis obtenido vuestra plenitud.

Por él fuisteis también circuncidados con una circuncisión no hecha por hombres, cuando os despojaron de los bajos instintos de la carne, por la circuncisión de Cristo.

Por el bautismo fuisteis sepultados con él, y habéis resucitado con él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos. Estabais muertos por vuestros pecados, porque no estabais circuncidados; pero Dios os dio vida en él, perdonándoos todos los pecados. Borró el protocolo que nos condenaba con sus cláusulas y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz, y, destituyendo por medio de Cristo a los principados y autoridades, los ofreció en espectáculo público y los llevó cautivos en su cortejo

Salmo
Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11

R/. El Señor es bueno con todos.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás.. R/.

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañasR/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según San Lucas (6, 12-19):

Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.
A Simón, a quien llamó Pedro,
y a su hermano Andrés;
a Santiago y Juan,
a Felipe y Bartolomé,
a Mateo y Tomás,
a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes;
a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.
Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano; había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, que habían venido para oírle y ser curados de sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados.
Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

SANTORAL:
• Nuestra Señora de Estíbaliz, Santa María del Alcor, Dulce Nombre de María.
• San Albeo de Emly, San Autónomo de Bitinia, San Curonato obispo, San Francisco Ch´oe Kyong-hwam, San Guido de Anderlecht, Santa Plácida de Verona, San Poncio de Roda, San Tesauro Beccaria.
• Beata María Victoria de Fornari Strata, Beato Pedro Sulpicio Cristóbal Faverge.

Beato Apolinar Franco, fraile franciscano OFM.
Nació en Aguilar de Campos (Valladolid) en 1570
Murió mártir en Omura (Japón) el 12.IX.1622
Fue beatificado el 7.VII.1867.
JAPÓN, UNA TIERRA NUEVA DE MÁRTIRES VALLISOLETANOS
por Javier Burrieza Sánchez, Historiador
El Lejano Oriente se había convertido en un espacio para probar las virtudes heroicas de los santos vallisoletanos. Ocurrió, según hemos visto, con el franciscano de La Parrilla san Francisco de San Miguel; y con los dominicos san Mateo Alonso de Leciñana de Nava del Rey y san José Fernández de Ventosa. Mientras que el primero fue mártir del Japón a finales del siglo XVI, los segundos ofrecieron su vida en el actual territorio de Vietnam en el XVIII y el XIX respectivamente. Volvemos ahora al Japón y con un franciscano.
Se decía que los padres de Apolinar Franco eran “nobles y virtuosos”, lo que significaba en el lenguaje de la hagiografía que le enseñaron a ser cristiano. Lo cierto es que aquel niño nacido en la localidad de Aguilar de Campos [ver su imagen en la parroquia], a pocos kilómetros de Medina de Rioseco, todas ellas pertenecientes a la diócesis de Palencia, concluidos sus estudios de latinidad, ingresó en el convento de los franciscanos en Salamanca. Prosiguió su formación universitaria, convirtiéndose en un gran canonista, experto además en moral. Sin embargo, mostró pronto su orientación hacia las misiones de infieles. Manila fue su primera meta, tras el penoso y prolongado viaje acostumbrado, pudiéndose encontrar allí en 1600. Destacó en aquella ciudad colonial, en los ministerios del púlpito y del confesionario, sumándose ocho años después a la Provincia de San Gregorio. Cuando pasó por Manila el padre Diego de Chinchón, como comisario visitador de la mencionada demarcación, consideró que un número de franciscanos debían ser enviados a Japón, entre ellos fray Apolinar. Era agosto de 1611.
En sus nuevas tierras de misión, la presencia de los cristianos era notable desde los tiempos del jesuita Francisco Javier, además de haber contemplado los primeros fieles de aquel reino a los mártires que fueron ejecutados en Nagasaki, entre los que hubo un importante número de franciscanos, uno de ellos el mencionado vallisoletano san Francisco de San Miguel. En 1614, se decretaba el edicto de persecución contra los cristianos pero Apolinar Franco permaneció en su puesto, siendo incluso nombrado ministro provincial del Japón. Tres años después, estando en Nagasaki, conoció que en Omura el número de cristianos era muy abundante, a pesar de la crudeza y violencia de la persecución. Con todo, decidió encaminarse hacia allí, vestido con su hábito franciscano, predicando públicamente en el camino, logrando además importantes conversiones. Los bonzos denunciaron esta actitud ante el gobernador, ordenando éste su arresto el 7 de julio de 1617, encerrándolo en la prisión de Omura, en compañía de otros cristianos japoneses. Cinco años de encierro aunque los carceleros permitían contactos del padre Apolinar con los fieles. Uno de los catequistas, bautizado como Francisco, tuvo conocimiento de esta situación del padre Apolinar o Apolinario y denunció ante el gobernador la crueldad con la que era tratado el misionero extranjero. Tanto enfureció a la autoridad esta defensa entre cristianos, que igualmente le encarceló, recibiéndole el padre Apolinar como novicio con el nombre de fray Francisco de San Buenaventura. No fue el único como sucedió también con fray Pablo de Santa Clara o con los que formaron parte de la Orden Tercera franciscana. Así pues, aquella cárcel fue casi un convento de los hijos del Seráfico Padre.
Las decisiones finales llegaron en septiembre de 1622. Veinte de los prisioneros de Omura fueron conducidos a Nagasaki, donde fueron ejecutados, mientras que ocho permanecieron en esta población, además de Apolinar Franco. Aquí fueron condenados a la hoguera, siendo quemados vivos el 12 de septiembre de 1622. El reconocimiento de sus virtudes, al menos como beato y para la primera orden de San Francisco, lo declaró el papa Pío IX el 7 de julio de 1867. Un pontificado donde se recordó el carácter misionero de la Iglesia durante los siglos pasados. Años después, en 1910, fray Lorenzo Pérez publicaba en la revista “El Eco Franciscano” la primera biografía de este misionero de Tierra de Campos.