Liturgia y santoral 19/12/14 VIERNES

FERIA
– Jue 13, 2-7. 24-25a. El ángel anuncia el nacimiento de Sansón.
– Sal 70. R. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.
– Lc 1, 5-25. El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista.
5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
6 los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
8 Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
9 le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
11 Se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12 Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
13 El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
14 será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
15 porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16 y a muchos de los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
17 e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
18 Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.»
19 El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
20 Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.»
21 El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
22 Cuando salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablabla por señas, y permaneció mudo.
23 Y sucedió que cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
24 Días después, concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
25 diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.»

SANTORAL:
Santos: Urbano V, Anastasio I, papas; Sindimio, Nemesio, Darío, Zósimo, Segundo, Ciriaco, Pablito, Anastasio, Maura, Eusebio, Marcelo, Hipólito, Máximo, Fausta, Polieuto, mártires.

Imagen
SANTA EVA A. T.
«Madre de todos los hombres»–Eva en hebreo significa “vida”–, la santa más inesperada del calendario. Pero ¿no habíamos quedado en que fue la culpable del pecado original? Porque «por una mujer comenzó el pecado, por culpa de ella morimos todos», se lee en el Eclesiástico. Extraña santa a la que recordamos por el mal que introdujo en la humanidad.
Desde la última lejanía de los tiempos, Eva, como en los capiteles románicos ojos inmensos y sorprendidos, desnuda, cubriendo sus vergüenzas con la cabellera destrenzada y larguísima–, sigue preguntándonos: ¿Lo hubierais hecho mejor?
Salta a la vista, por nuestra conducta habitual, que no lo hubiéramos hecho mejor, pero para excusarse hay que acumular toda la responsabilidad en cabeza ajena. Débil y conmovedora, imprudente, tentada por la curiosidad y la ambición (¿y si fuese verdad eso de «seréis como dioses»?), en el Génesis aparece como una figura no ya muy femenina, sino humanísima. Somos de su linaje, a qué negarlo.
No podemos ni imaginar lo que era el mundo antes de aquel pecado, antes de que nuestros primeros padres entrasen en el orden de la naturaleza, que comparte padecimiento, frustración y muerte, pan ganado con el sudor y dolores de parto. El Paraíso terrenal se difumina en una imagen edénica en la que no nos reconocemos.
En cambio, en la Eva caída, desobediente, frágil, no hay que hacer ningún esfuerzo para ver cómo somos, y las consecuencias de toda aquella historia no sólo son la catástrofe, sino también la misma condición de nuestro complicado vivir. “Félix culpa” teológicamente hablando, ya que por lavarla se encarnó el mismo Dios, y que ha hecho la realidad de la que formamos parte, que nos ha hecho a nosotros