Liturgia y santoral 23/10/17 ML: S. JUAN DE CAPISTRANO

Memoria libre: SAN JUAN DE CAPISTRANO, presbítero
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,20-25):

Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.

Salmo
Lc 1,69-70.71-72.73-75

R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado a su pueblo

Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R/.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. R/.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,13-21):

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»
Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.” Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?” Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

SANTORAL:
• San Alucio, San Benito de Herbauge, Santa Etelfleda de Rumsey, San Ignacio de Constantinopla, San Jozef Bilczewski, San Juan de Capistrano, San Juan de Siracusa, San Pablo Tong Viet Buong, San Román de Rouen, San Severino de Colonia, San Severino Boecio, San Teodoreto de Antioquía, San Zygmunt Gorazdowski.
• Beato Arnoldo Rèche, Beato Juan Ángel Porro, Beato Juan Bono de Mantua, Beato Leonardo Olivera Buera, Beato Tomás Thwing.

Imagen
San Juan de Capistrano (en italiano: Giovanni da Capestrano; en húngaro: Kapisztrán Szent János) (24 de junio de 1386 – 23 de octubre de 1456) fue un fraile napolitano que predicó de forma ambulante por casi toda Europa, sobre todo en el Este. Fue canonizado en 1690 por el papa Alejandro VIII. Ha sido llamado el “Santo de Europa” y su fiesta se celebra el 23 de octubre.
Primeros años
Nació en 1386 en el pueblo de Capistrano, de la diócesis de Sulmona, en la región de Abruzos. Su padre había llegado a Italia como miembro de la corte de Luis I de Nápoles. Estudió de forma secular en la Universidad de Perugia y se llegó a casar poco después, aunque no llegó a consumar el matrimonio.
Su primer objetivo fue el de ser jurista, consiguiéndolo con 26 años en 1412. Gracias a su maestro Baldus de Ubaldis, ejercería dicho cargo en la misma Perugia, además de ser gobernador de ella, por orden de Ladislao I de Nápoles, pero la ciudad fue ocupada en las luchas contra Rímini por el ejército de Segismundo Malatesta. Fue hecho prisionero y en este cautiverio reflexionó sobre los aspectos de la vida y llegó a la consecuencia de que el dinero no era lo más importante en esta vida y se dedicó a conseguir la santidad entrando en la orden de los Franciscanos en 1416, y además anuló su matrimonio. Al año siguiente fue ordenado sacerdote y llegó a ser vicario general. Su gran maestro fue San Bernardino de Siena.
Predicando por Europa
Se lanzó entonces a predicar los evangelios por Europa, primero pasando por Alemania, Bohemia (en donde predicó y proclamó cruzadas contra los husitas), Austria, Hungría y Polonia. Predicaba en las plazas, acudiendo gran número de personas en las distintas ciudades donde le llamaban “el padre piadoso” o “el santo predicador”. Muchos jóvenes se le unieron en sus labores religiosas y provocaba gran fervor en todos los que le escuchaban, llegándose a producirse espontáneas quemas de libros de brujería. Sus discursos duraban entre dos y tres horas. Su rutina diaria era el de dormir y comer poco y ser siempre amable con los demás. Sufría de cojera por artritis y vestía pobremente.
Después de muerto reunieron los apuntes de los estudios que hizo para preparar sus sermones y suman 17 gruesos volúmenes.
Además de predicar se dedicó a ser consejero personal y legado (embajador) de papas, como Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, siendo muy prudente y sabio en sus decisiones diplomáticas. Fue enviado, entre otras ciudades, a Milán y a Borgoña. También ejerció de inquisidor varias veces, condenando la herejía, el amor mundano y la vanidad. En Breslavia, reclamó la expulsión de los judíos de dicha ciudad e incluso llegó a mandar quemar a 40 de ellos y otros 36 en la plaza del mercado de Berlín, y los persiguió en Sicilia, Moravia y Polonia. Asimismo persiguió a los fraticelli en Ferrara y a los jesuatos en Venecia.
Alonso Cano: San Bernardino de Siena y San Juan Capistrano (Museo de Bellas Artes de Granada).
Cruzada contra los turcos
Los turcos habían conquistado la ciudad de Constantinopla en 1453 y se preparaban para invadir Hungría por orden del conquistador Mehmet II. Ya se habían reclutado a 100.000 hombres para tal misión y consiguieron invadir Serbia en 1455 para retomar los territorios húngaros perdidos para el momento. El papa Calixto III predicó una cruzada en la Dieta de Fráncfort en 1454 para defenderse del ataque otomano en el Este de Europa, y su llamamiento fue respondido por Juan Capistrano, que empezó a reclutar a cristianos fervorosos por toda Hungría. Logró reunir un total de 35.000 hombres, aunque en su mayoría eran campesinos, artesanos y estudiantes y estaban mal pertrechados. Se unieron al contingente de 15.000 mercenarios del caudillo de los húngaros, Juan Hunyadi, al que la nobleza había dado la espalda y no podía contar con un ejército regular.
El punto de encuentro entre las fuerzas cristianas y las otomanas se daría en el Sitio de Belgrado, último reducto para que los turcos pudieran pasar libremente a Hungría. Era el mes de julio del año 1456. La ciudad se encontraba medio derruida a causa del bombardeo de los 200 cañones turcos y para colmo se acercaban 50.000 jenízaros. Entonces Capistrano se dedicó a enardecer a las tropas empuñando una bandera en donde estaba bordada una cruz mientras gritaba: “Jesús, Jesús, Jesús”. Esto animó a los defensores, que consiguieron rechazar en dos ocasiones las acometidas turcas. En el momento álgido de la batalla, el franciscano pronunció: “Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión”, liderando el contraataque cristiano que provocó la retirada turca, produciéndose 25.000 bajas entre los infieles.
Los oficiales del contingente cristiano dijeron de Capistrano en varias ocasiones: “Este padrecito tiene más autoridad sobre nuestros soldados, que el mismo jefe de la nación”. El franciscano fue vitoreado en Belgrado al regresar de la persecución de los otomanos por su gran victoria. Pero poco le duró la alegría, ya que la peste se había desatado en la ciudad y Capistrano se contagió de ella, muriendo pocos meses después, el 23 de octubre de 1456 con 70 años.