Liturgia y santoral 26/11/13 MARTES

FERIA
– Dan 2, 31-45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, y acabará con todos los demás reinos.
– Sal: Dan 3, 57-61. R. Ensalzadlo con himnos por los siglos.
– Lc 21, 5-11. No quedará piedra sobre piedra
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.” Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?” Él contestó: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.”

SANTORAL:
Santos: Silvestre, abad y fundador; Siricio, papa; Belino, Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio, obispos y mártires; Leonardo de Puerto Mauricio, Magnancia, Máxima, Básolo, Justo, Gregorio, Basle, confesores; Marcelo, Nicandro, mártires; Amador, Conrado, Sebaldo, obispos; Fausto, presbítero; Gaudencio, patriarca; Pedro, patriarca y mártir; Martino, Nicón, monjes; Delfina, virgen; Alipio, estilita; Estiliano, anacoreta; Juan Berchmans, confesor.

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Leonardo de Porto Maurizio, religioso (1676 1751)
Paolo-Girolamo de Casa-Nuova, genovés, vivió en el siglo xviii, siglo de la Ilustración, racionalista, frívolo y de decadencia en el que la piedad cristiana languidece atenazada por el jansenismo frío e hipócrita. A las ideas de su contemporáneo Voltaire, él –sin conocerlo– presentará el testimonio de una praxis santa.
Nació en la Riviera italiana, el 20 de diciembre de 1676, en Porto Maurizio. Estudió en Roma en el Colegio Romano y frecuenta el Oratorio felipista donde recibe una sólida formación acompañado espiritualmente por el P. Caravita.
Toma el hábito franciscano en 1697 y se ordena sacerdote en 1702.
Le encargan enseñar filosofía pero una grave enfermedad pulmonar lo tiene apartado de actividad por cinco años. Según lo pensó siempre Leonardo, fue la Virgen quien le curó de su tisis. Después recomienza la actividad. Participa en la reforma de la Orden franciscana propiciando la observancia estricta en toda su pureza. La intimidad con Jesucristo y la penitencia son los pilares donde se apoya su vida centrada en la Eucaristía.
Las misiones populares son un capítulo aparte en la actividad apostólica hacia fuera aprovechando el tiempo que le ha regalado Nuestra Señora. Emplea un lenguaje inusitado en aquella época de ridículo barroquismo y de oratoria despersonalizada en la predicación; su modo de decir es sencillo, directo e inteligible; llega a los oyentes y penetra en las almas que la gracia del Espíritu Santo remueve hacia una conversión. El contenido es de peso: la Pasión de Jesucristo –vivida de modo popular con el Via-Crucis que tanto divulgó–, los novísimos, la gravedad del pecado, el escándalo, la crítica irónica del galanteo que prima en el siglo morboso y sensual. Con los pecadores es comprensivo, sereno, jovial y benigno. El fin principal al que tiende siempre la misión es una buena confesión.
Alterna las misiones de cada ciudad con charlas al clero y ejercicios espirituales a religiosas.
En sus cuarenta y cuatro años de misionero ambulante recorre incansable, con los pies descalzos, el norte y centro de Italia. Han sido más de trescientas misiones predicadas entre las que sobresalen por su intensidad y fruto las de Roma de 1740, en el Jubileo extraordinario, y en 1750, en el Año Santo.
Muere este «gran cazador del Paraíso», como le llama su amigo el papa Benedicto XIV, el 26 de noviembre de 1751 en el convento de San Buenaventura, en Roma, que guarda sus reliquias.
No es extraño que un hombre de esta talla haya sido nombrado patrono de los sacerdotes que se dedican a predicar misiones populares.