Liturgia y santoral 6/2/15 MO: S. Francisco San Miguel

Memoria Obligatoria: San Francisco de San Miguel, San Pablo Miki y compañeros protomártires de Japón
Hebreos 13,1-8
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre

Hermanos: Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles. Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne. Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los libertinos y adúlteros Dios los juzgará. Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: “Nunca te dejaré ni te abandonaré”; así tendremos valor para decir: “El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?” Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.

Salmo responsorial: 26
El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, / ¿a quién temeré? / El Señor es la defensa de mi vida, / ¿quién me hará temblar? R.
Si un ejército acampa contra mí, / mi corazón no tiembla; / si me declaran la guerra, / me siento tranquilo. R.
Él me protegerá en su tienda / el día del peligro; / me esconderá en lo escondido de su morada, / me alzará sobre la roca. R.
Tu rostro buscaré, Señor, / no me escondas tu rostro. / No rechaces con ira a tu siervo, / que tú eres mi auxilio; / no me deseches. R.

Marcos 6,14-29
Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: “Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él.” Otros decían: “Es Elías.” Otros: “Es un profeta como los antiguos.” Herodes, al oírlo, decía: “Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.” Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras, que te lo doy.” Y le juró: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.” Ella salió a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?” La madre le contestó: “La cabeza de Juan, el Bautista.” Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: “Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.” El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

SANTORAL:
Santos: Pablo Miki y compañeros protomártires de Japón; Dorotea y Teófilo, Saturnino, Revocata, Antoniano, mártires; Guarino, cardenal; Amando, obispo; Amancio, Gelasio, confesores.

Imagen
San Francisco de San Miguel (Francisco de Burgos Gutiérrez), nacido en la localidad de la Parrilla en el año 1549. Su intensa vida como fraile franciscano, tras un periplo por distintos conventos españoles, le llevó a Manila ante la falta de religiosos, hasta que en mayo de 1593 partió de Filipinas para llegar hasta Japón después de treinta días de navegación.

Una vez allí, y debido a un incidente ocurrido con un barco español, el emperador nipón decidió apresar a todos los misioneros en diciembre de 1596 y pocos meses después, tras ser trasladado a la cárcel con las manos atadas y donde se le cortó un trozo de oreja, ‘el padre conciencia’ como le llamaban, fue crucificado -clavado en una cruz y atravesado por dos lanzas en forma de aspa-, la mañana del 5 de febrero de 1597 junto a otros 25 misioneros.

Entonces, beatificado por el Pontífice Urbano VIII en 1627 y canonizado por el Papa Pío IX en 1862, también los parrillanos pocos años después de su trágica muerte construyeron una capilla sobre el solar de la casa en la que nació, la actual ermita de San Francisco de San Miguel, de estilo barroco, con una sola nave entre pilastras adosadas cubierta de arista con yeserías, con crucería la capilla mayor y con una escultura de vestir del santo en su interior