Liturgia y santoral 7/11/17 MARTES

FERIA
Romanos 12,5-16a
Cada miembro está al servicio de los otros miembros
Hermanos: Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado.
Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.

Salmo responsorial: 130
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Señor, mi corazón no es ambicioso, / ni mis ojos altaneros; / no pretendo grandezas / que superan mi capacidad. R.
Sino que acallo y modero mis deseos, / como un niño en brazos de su madre. R.
Espere Israel en el Señor / ahora y por siempre. R.

Lucas 14,15-24
Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: “¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!” Jesús le contestó: “Un hombre daba un gran banquete y convidó a muncha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado.” Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor.” Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor.” Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.” El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de la casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.” El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.” Entoces el amo le dijo: “Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa.” Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.”

SANTORAL:
• San Amaranto, San Atenodoro de Neocesarea, San Baldo de Tours, San Cungaro de Congresbury, San Engelberto, San Ernesto, San Florencio de Estrasburgo, San Herculano de Perugia, San Hierón, San Lázaro estilita, San Pedro Wu Guosheng, San Prosdócimo, San Wilibrordo, San Vincenzo Grossi.
• Beato Antonio Baldinucci, Beata Lucía de Settefonti.

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Willibrord de Utrecht, hispanizado como Willibrordo (Northumbria, 658 – Echternach, Luxemburgo, 7 de noviembre de 739) fue un misionero cristiano britano, primer obispo de Utrecht y miembro de la llamada misión anglosajona. Considerado el «apóstol de Frisia y los Países Bajos históricos» (con Flandes y Luxemburgo), es venerado como santo por diversas confesiones cristianas.
Infancia y juventud
Su padre era Wilgils o San Hilgis, un anglo o, según Alcuino de York, un sajón de Northumbria, que se retiró del mundo a una ermita que dedicó a san Andrés.
Willibrord tuvo como maestro a san Wilfrido, futuro obispo de York, y fue enviado a la abadía de Ripon. Ingresó en la Orden de san Benito y entre los veinte y los treinta dos años vivió en la abadía de Rathmelsigi, en Irlanda, uno de los focos culturales del momento.Estudió con el abad san Egberto, que lo ordenó sacerdote.
Misionero entre los frisones
San Egberto lo envió con doce compañeros a cristianizar a las tribus germánicas del norte, en la región de Frisia, que comprendía los actuales Países Bajos, Flandes y Luxemburgo. Pipino de Heristal, mayordomo de palacio de todos los francos, había conquistado los territorios de la otra ribera del Rin y quería que se evangelizaran, ya que todavía no había llegado el cristianismo. Hacia 690, llegó con un grupo de monjes y se encargó de organizar la Iglesia en la región.
En 695 fue a Roma, donde recibió la aprobación del papa Sergio I, que lo consagró como obispo de los frisios, con el nombre de Clemente, y le dio el palio. De vuelta en Frisia, continuó la predicación, fundando numerosas iglesias y monasterios. En Utrecht, estableció la sede de la diócesis, convirtiéndose así en su primer obispo. Dependientes de ésta, creó las diócesis de Deventer y Haarlem, y en 698 fundó la abadía de Echternach, en Luxemburgo. Destruyó templos e imágenes de los dioses paganos, lo cual provocó la animadversión de los frisios que no quisieron aceptar la nueva religión.
Willibrord intentó convertir a Radbod, el rey de los frisios, pero no lo consiguió y volvió a Fontenelle. La tradición dice que Radbod estuvo a punto de bautizarse, pero que, en el último momento, cuando supo que no encontraría en el cielo a ninguno de sus antepasados, ya que al no ser cristianos estaban condenados, prefirió «pasar la eternidad en el infierno con los suyos, que en el cielo con extraños». La misión tenía el apoyo de los francos, que así querían hacerse con el control del puerto de Dorestad, importante foco comercial. En 714, a la muerte de Pipino, Rabdod inició una revuelta; en 716 ya había cogido nuevamente el poder en Frisia, tras lo cual quemó iglesias y asesinó a muchos de los misioneros cristianos. Willibrord se refugió en el monasterio de Echternach, que él mismo había fundado.
Al morir Radbod en 719, Willibrord pudo volver a su tarea, ayudado por san Bonifacio, que estaba evangelizando las tierras germánicas. Ahora contaban con el apoyo de Carlos Martel. Willibrod falleció durante una de sus estancias en Echternach, el 7 de noviembre de 739, en cuya abadía fue sepultado.