Liturgia y santoral 8/3/14 Conm: S. JUAN DE DIOS

Conmemoración: SAN JUAN DE DIOS, religioso
– Is 58, 9-14. Cuando partas tu pan con el hambriento…brillará tu luz en las tinieblas.
– Sal 85. R. Enséñame Señor, tu camino, para que siga tu verdad.
– Lc 5, 27-32. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan
27 Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
28 El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?»
31 Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal.
32 No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.»

SANTORAL:
Santos: Juan de Dios, fundador y Patrono de los bomberos y practicantes; Quintilo, Cirilo, obispos; Julián, Félix, obispos y mártires; Filemón, Apolonio, Ariano, Teótico, Urbano, Rogato, Silvano, Herenia, Felicidad y Mamila, mártires; Veremundo, Esteban, abades; Poncio, diácono; Liberio, Arnoldo, confesores; Antonino, eremita.

Imagen
San Juan de Dios, Granada († 1550) Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en 1550 a los 55 años de edad. De familia pobre pero muy piadosa, su madre falleció cuando él era todavía muy joven, y su padre murió como religioso en un convento. En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba, por lo que le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones. San Juan fundó un hospital, y enseñó con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y con grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y de la comprensión, en vez del rigor de la tortura. El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”, y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador