Liturgia y santoral 9/9/16 ML: S. PEDRO CLAVER

Memoria libre; SAN PEDRO CLAVER, presbítero
1Corintios 9, 16-19. 22b-27
Me he hecho todo a todos, para ganar a algunos
Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.
No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.
Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.
Entonces, ¿cuál es la paga?
Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.
Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.
Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio.
Corred así: para ganar.
Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.
Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.
Salmo responsorial: 83
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela / los atrios del Señor, / mi corazón y mi carne / retozan por el Dios vivo. R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; / la golondrina, un nido / donde colocar sus polluelos: / tus altares, Señor de los ejércitos, / Rey mío y Dios mío. R.
Dichosos los que viven en tu casa, / alabándote siempre. / Dichosos los que encuentran en ti su fuerza / al preparar su peregrinación. R.
Porque el Señor es sol y escudo, / él da la gracia y la gloria; / el Señor no niega sus bienes / a los de conducta intachable. R.
Lucas 6, 39-42
¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?
En aquel tiempo ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

SANTORAL:
Nuestra Señora de Aránzazu, Nuestra Señora de Gracia. Santos: Pedro Claver, patrono de las misiones entre los negros, Odger, diácono; Ciarán, abad; Gorgonio, Severiano, Felicia, Doroteo, Jacinto, Alejandro, Tiburcio, Estratón, Rufino, Rufiniano, mártires; Audomaro, obispo; Querano, abad; María de la Cabeza, esposa de san Isidro; Gregorio, confeso

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SAN PEDRO CLAVER 1581-1654
La vida que más me ha impresionado después de la de “Cristo”, dijo el papa León XIII cuando lo canonizó. Y efectivamente la suya fue una vida muy cristiana en el sentido más propio del término, imaginamos a Cristo en la América del siglo XVII y le vemos haciendo lo que hizo Pedro Claver.
Estaba emparentado con la ilustre familia de los Requeséns. Estudió con un tío suyo, canónigo de Solsona. Pero no valía para él la lamentación de Santa Teresa: “Dios los llama para santos, y en canónigos se quedan”. El aspiraba a santo. Quiero consumir mi vida por las almas, escribió un día.
Era de un pueblecito catalán llamado Verdú, se hizo jesuita y en Palma de Mallorca un santo portero, Alonso Rodríguez, reconoció en él la santidad, aconsejándole que cruzase los mares «porque allá en las Indias tendría que padecer mucho».
Así, en Cartagena de Indias, en lo que hoy es Colombia, fue «esclavo de los esclavos», dedicó treinta y tres años de servicio a los seres más desheredados, los esclavos negros que traían de África, ignorantes, enfermos, moribundos, cuidándoles y evangelizándoles con una solicitud heroica que con frecuencia provocaba el asombro comprensivo.
Pero él estaba enamorado de aquella pobre humanidad, todo le parecía poco para socorrer a los negros, a los presos de la Inquisición, a los extranjeros que capturaban las naves españolas, y cuando no se desvivía por los demás, rezaba y adoraba por la noche el Santísimo Sacramento.
Cuando las damas españolas insisten en que las confiese, se resiste y sólo accede después de haber confesado a todos los negros: las cosas claras, todos no somos iguales, los que sufren y son despreciados tienen prioridad.
En 1650 la peste se abatió sobre Cartagena. Pedro se multiplica atendiendo a todos, hasta que cae él mismo. Quedó paralítico y se hace atar sobre un caballo para visitarles. Era un espectáculo estremecedor verle.
El 8 de septiembre de 1654 entró en agonía. Los negros tomaron por asalto la casa. Era su padre. Le besaban las manos sollozando. A la media noche del día de la Natividad de la Virgen marchó al paraíso, el esclavo de los esclavos, el apóstol y padre de los negros. Astráin le llamó el primer misionero del siglo XVII.