Liturgia y santoral 11/10/13 ML: Sta. SOLEDAD TORRES

M. libre: SANTA SOLEDAD TORRES ACOSTA, virgen
– Jl 1, 13-15; 2, 1-2. El día del Señor día de oscuridad y negrura.
– Sal 9. R. El Señor juzgará el orbe con justicia.
– Lc 11, 15-26. Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa los demonios.» Otros, para ponerle a prueba, le pedían un signo del cielo. Pero él, conociendo sus intenciones, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado y una casa se desploma sobre la otra. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?… porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos. «El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: `Me volveré a mi casa, de donde salí.’ Y, al llegar, la encuentra barrida y en orden. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.»

SANTORAL:
Nª Sª de Begoña; Alejandro Saulí; Beato Santiago de Ulm; Plácido, Placidia, Ginés, Probo, Andrónico, mártires; Nicasio, Germán, Sisisnio, Alejandro, Bruno Agilberto, obispos;

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SANTA SOLEDAD TORRES ACOSTA 1826-1887
El 2 de diciembre de,1826, en el Madrid que sueña con la revolución, la libertad y el progreso, nace en la calle de la Flor Baja, cerca de la actual Plaza de España, dentro del hogar de un sencillo industrial la que habría de ser la fundadora de las Siervas de María, Viviana Antonia Manuela Torres Acosta. De niña era muy piadosa y caritativa, y quería hacerse monja de la orden de santo Domingo, pero no pudo ser, oye a sus veinticinco años hablar de la idea alimentada por un sacerdote de la parroquia de San José, del barrio de Chamberí, don Miguel Martínez, quiere reunir a unas cuantas mujeres para que cuiden a los enfermos desamparados, quiere este celoso pastor atender a los enfermos de los suburbios en su indigencia física y espiritual, valiéndose de algunas piadosas mujeres que les asistan en sus propios domicilios y les dispongan a bien morir. Aun cuando la delicada salud de la muchacha parece desaconsejar tal empresa, al fin ante sus insistencias es admitida, junto con otras seis compañeras, y toma el hábito del nuevo Instituto el 15 de agosto de 1851, cambiando su nombre de pila por el de María Soledad. Su prudencia y tesón la colocan pronto al frente de la comunidad que precisa de semejantes cualidades para subsistir en vista de los problemas que la rodean de fuera y aun de dentro del propio Instituto, cuya dureza de vida va saturando a casi todas las compañeras de fundación. La maledicencia se cebará contra la Madre Soledad hasta ser depuesta de su cargo e incluso obligada a apartarse de la casa madre de la fundación, tras haber soportado no pocas incorrecciones domésticas. Sin embargo, estas pruebas no hacen sino acrisolar más aún su espíritu y Dios la vuelve a poner al frente de la obra, que había llegado al borde de la disolución. Aquella mujer insignificante resuelve los problemas con dos métodos que aplica tenazmente, la oración y el trabajo.
Los conflictos, como la revolución del 68 que la sorprende en Valencia, no la frenan, sino que la empujan, el instituto se extiende por España y América, y un siglo después de su muerte la recordamos como una gran figura de la caridad que presta por amor de Dios un callado servicio mientras el mundo grita.
En esta nueva etapa las Siervas de María ven pronto incrementada su familia con cuarenta nuevas fundaciones, casi todas debidas a las gestiones de la Madre Soledad, que alterna estas tareas con las labores más humildes de la vida doméstica. Muere, por fin, en Madrid, tras breve pero penosa enfermedad, en 1887