Liturgia y santoral 12/3/13 MARTES

FERIA
– Ez 47, 1-9. 12. Vi que manaba el agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
– Sal 45. R. El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
– Jn 5, 1-3. 5-16. Al momento aquel hombre quedó sano
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.” Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar.” Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: “Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.” El les contestó: “El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.” Ellos le preguntaron: “¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?” Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: “Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.” Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

SANTORAL:
Santos: Inocencio I, papa; Bernardo, Elfrego, obispos; Egduno, presbítero y mártir; Maximiliano, Pedro, Mamiliano, Zono, Alejandro, Duno, Orión, mártires; Teófanes, Nicodemo, Paulo, Aureliano, confesores; Geraldo, abad; Josefina (o Fino), virgen; José Zhang-Dapeng, catequista seglar mártir de China.

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San Inocencio I, papa. Nació en Albano, cerca de Roma. Según S. Jerónimo era hijo de Anastasio I. Tuvo una personalidad fuerte, como testimonian sus decretali en materia disciplinaria. Vivió en toda su dramaticidad la invasión de los Godos de Alarico. La legación que salió de Roma, de la que formaba parte también Inocencio, no consiguió convencer al emperador Honorio, que se encastilló en Rávena, para que atacara Alarico. Éste había llegado a laspuertas de Roma. La primera vez que lo hizo levantó el asedio previo pago de una elevada cantidad de dinero, pero al año siguiente regresó, entró en Roma y la saqueó ferozmente (410). Inocencio, haciendo peso de su autoridad, obtuvo del rey godo, que aún siendo arriano era cristiano, que fueran perdonadas muchas vidas humanas y respetara las iglesias, en particular las basílicas de los dos apóstoles Pedro y Pablo, utilizadas por los ciudadanos como refugio. Defendió a Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla, de los ataques de Eudoxia, esposa de Arcadio, enojada por la actitud intransigente de él contra el lujo y la vanidad de las mujeres, sobre todo la de la emperatriz. Eudoxia le mandó exiliar dos veces, a pesar de las reiteradas intervenciones de Inocencio. Otra gran lucha absorbió muchas de sus energías, la que libró contra la herejía maniquea y del monje inglés Pelagio. La doctrina pelagiana daba importancia para salvarse únicamente al libre arbitrio, sin contar con la gracia divina. No admitía además el pecado original. Obtuvo del emperador Honorio una ley severa contra los herejes e intervino para hacer respetar el antiguo edicto de Constantino, que prohibía los espectáculos de circo. Fue enterrado cerca del padre Anastasio