Liturgia y santoral 21/12/20 Conm: S. PEDRO CANISIO

Conmemoración: SAN PEDRO CANISIO, presbítero y doctor

Cantar de los cantares 2,8-14

Llega mi amado, saltando sobre los montes

¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías.

Habla mi amado y me dice: “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura.”

 

Salmo responsorial: 32

Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.

Dad gracias al Señor con la cítara, / tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; / cantadle un cántico nuevo, / acompañando los vítores con bordones. R.

El plan del Señor subsiste por siempre, / los proyectos de su corazón, de edad en edad. / Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, / el pueblo que él se escogió como heredad. R.

Nosotros aguardamos al Señor: / él es nuestro auxilio y escudo; / con él se alegra nuestro corazón, / en su santo nombre confiamos. R.

 

Lucas 1,39-45

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

 

 

SANTORAL:

  • San Anastasio mártir, San Festo, San Glicerio, San Miqueas profeta, San Pedro Canisio, San Severino obispo, San Temístocles.
    • Beato Domingo Spadafora, Beato Pedro Friedhofen.

 

San Pedro Canisio (Nimega, 8 de mayo de 1521 – Friburgo (Suiza), 21 de diciembre de 1597) es conocido como el segundo apóstol de Alemania. Es doctor de la Iglesia católica. Su nombre original es Pieter Kanijs. Fue un teólogo jesuita nacido en Holanda.
Fue llamado el “Martillo de los Herejes” por la claridad y elocuencia con que criticaba las posiciones de los Cristianos no católicos. Está entre los iniciadores de la prensa católica. Aún en la lucha por defender la Iglesia Católica aconsejaba Pedro: “No hieran, no humillen, pero defiendan la religión con toda su alma”.
San Pedro Canisio fue considerado por la Iglesia Católica como el segundo más importante apóstol en llevar la fe católica a Alemania, siendo el primero de estos San Bonifacio. Se le atribuye el haber iniciado la prensa católica. Fue uno de los primeros jesuitas.
Nació en 1521 en Nimega, Holanda, que en aquel entonces pertenecía a la diócesis de Colonia. Hijo del noble Jakob Kanis. A los 19 años de edad recibió el título de “maestro en artes”.
Estudió derecho canónico pero abandonó la carrera para dedicarse a la teología movido por la predicación del jesuita Pedro Fabro. En Colonia realizó los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.
Se le considera, por su predicación, un elemento clave en la preservación de la fe católica en Friburgo, Suiza.
Recorrió 30 000 km en sus afanes de difundir la doctrina católica. Fundó el Colegio Jesuita de Praga y el Colegio Jesuita de Friburgo que luego se convirtió en la Universidad de Friburgo.
Escribió un Catecismo que, aún en vida del santo, tuvo 200 ediciones y fue traducido a 15 idiomas. Se usó para intentar contrarrestar el catecismo de Martín Lutero.
San Pedro Canisio fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia católica el 21 de mayo de 1925 por Pío XI.