Liturgia y santoral 24/11/20 MO: Ss. Mateo Alonso y José Fernández

Memoria obligatoria: San Mateo Alonso de Leciñana, presbítero, y san José Fernández de Ventosa, presbítero, mártires

Apocalipsis 14, 14-19

Ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura

Yo, Juan, miré y en la visión apareció una nube blanca; estaba sentado encima uno con aspecto de hombre, llevando en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Del santuario salió otro ángel y gritó fuerte al que estaba sentado en la nube: “Arrima tu hoz y siega; ha llegado la hora de la siega, pues la mies de la tierra está más que madura.” Y el que estaba sentado encima de la nube acercó su hoz a la tierra y la segó.

Otro ángel salió del santuario celeste llevando él también una hoz afilada. Del altar salió otro, el ángel que tiene poder sobre el fuego, y le gritó fuerte al de la hoz afilada: “Arrima tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque las uvas están en sazón.”

El ángel acercó su hoz a la tierra y vendimió la viña de la tierra y echó las uvas en el gran lagar del furor de Dios. Pisotearon el lagar fuera de la ciudad, y del lagar corrió tanta sangre, que subió hasta los bocados de los caballos en un radio de sesenta leguas.

 

Salmo responsorial: 95

El Señor llega a regir la tierra.

Decid a los pueblos: “El Señor es rey, / él afianzó el orbe, y no se moverá; / él gobierna a los pueblos rectamente.” R.

Alégrese el cielo, goce la tierra, / retumbe el mar y cuanto lo llena; / vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, / aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega, / ya llega a regir la tierra: / regirá el orbe con justicia / y los pueblos con fidelidad. R.

 

Lucas 21, 5-11

No quedará piedra sobre piedra

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.”

Ellos le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?”

Él contestó: “Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”, no vayáis tras ellos.

Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.

Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.”

Luego les dijo: “Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

 

 

SANTORAL:

 

San Mateo Alonso de Leciniana O.P.

(Nava del Rey, 1702 – Tonkín, 1745) Religioso dominico Español martirizado en el Vietnam.
Profesó en la Orden de Predicadores en 1723, en el convento de la Santa Cruz de Segovia. Recién ordenado presbítero marchó a Manila. Después de dos años en Manila, donde estuvo en la comunidad del colegio de Santo Tomás, en el año 1732, llegó a las misiones dominicas de Vietnam. Estudió el idioma del país en Trung-ling. Trabajó en medio de la persecución, logró escapar gracias a la ayuda de los cristianos vietnamitas, hasta que mientras celebraba Misa, tras la delación de un apóstata, fue arrestado, aunque intentó huir, tras consumir las formas consagradas, fue detenido en una cueva, después de que le dieran un lanzazo en un costado. Fue conducido a Nam-dinh y tras 14 meses de cárcel y tormentos murió decapitado en Hanoi junto con Francisco Gil de Féderich y Sans, después de que le fuera conmutada la pena de muerte por la cadena perpetua, no se consideró digno de no compartir la misma suerte que Francisco Gil.
Al ser sometido a juicio se le quiso obligar a pisar la cruz. “He venido para enseñar a los hombres a amar y adorar a Dios representado en la cruz, ¿cómo, pues, voy a cometer el crimen de pisarla?”. Condenado a muerte en Hanoi, exhaló su último suspiro amarrado a una estaca.

San José Fernández

fraile dominico. Nació en Ventosa de la Cuesta (Valladolid) en 1775 y murió mártir en Vietnam en 1838. Beatificado en 1900. Canonizado en 1988

En el convento de las monjas dominicas de Portacoeli de Valladolid vive desde hace algunas décadas sor Carmen Obregón Villanueva, descendiente de los hermanos de un santo de la Orden de Predicadores que nació en esta provincia de Valladolid en el siglo XVIII y que murió mártir en tierras muy lejanas de Asia, en Vietnam. Ella y muchos de sus primos y parientes son la memoria de fray José Fernández, recordado también en su patria chica, Ventosa de la Cuesta, localidad cercana a Matapozuelos y Serrada. Era Ventosa el antiguo señorío que compró el escultor Alonso Berruguete en el siglo XVI, recibiendo sepultura éste en la iglesia parroquial donde fue bautizado este niño, encomendado a la protección de San José. Todo ello a pesar de haber recibido las aguas bautismales el 3 de diciembre, festividad del santo misionero, el jesuita Francisco Javier, a los pocos días de su nacimiento, el 26 de noviembre de 1775.

Era el pequeño de los siete hijos de Antonio Fernández de Buenaposada y Manuela de Ventosa Vázquez, labradores bien acomodados, vecinos y naturales de esta localidad vallisoletana. En Ventosa, contaba con especial devoción el santo patrono de los agricultores, San Isidro Labrador. Debía esperar a que el obispo de turno pasase por esta parroquia o por una cercana para recibir el sacramento de la confirmación y así ocurrió en 1788, cuando el de Valladolid, Manuel Joaquín Morón, estuvo en la próxima Matapozuelos. Era cercana para el joven José, la presencia de los jerónimos de La Mejorada de Olmedo o de los dominicos del convento vallisoletano de San Pablo. Ambas casas disponían de obradas de tierra y majuelos en la cercanía. La de los frailes predicadores era más intensa, disponiendo además de casas de labranza en Matapozuelos y Serrada. Además, desde 1682, se había encomendado a los frailes predicadores del colegio de San Gregorio, vecino de San Pablo, los sermones de Semana Santa y las fiestas solemnes en esta parroquia de Ventosa. Tampoco era ajena a la misma algunas devociones propias de la Orden como la Virgen del Rosario.

El ventosero decidió su entrada en la Orden de Predicadores, desarrollando su noviciado y parte de sus estudios en el mencionado convento de San Pablo desde 1796, recibiendo las sucesivas órdenes sagradas hasta que, con veintiún años, fue convertido en presbítero o sacerdote, el 21 de diciembre de 1799, ordenación que recibió de manos del mismo obispo que le había confirmado años antes.

Los frailes dominicos sabían fascinar con el horizonte de las misiones, entre ellas las de Indochina de Tong-King, fundada en 1676, y con el testimonio de sucesivos mártires. Uno de los modelos expuestos fue la trayectoria del mártir de China, fray Francisco de Capillas, un palentino de Baquerín de Campos, que había entrado en el convento de San Pablo. Posteriormente, pudieron formar clero indígena y surgieron numerosas vocaciones de dominicos. El ventosero decidió su entrada en la Orden de Predicadores, desarrollando su noviciado y parte de sus estudios en el mencionado convento de San Pablo desde 1796, recibiendo las sucesivas órdenes sagradas hasta que, con veintiún años, fue convertido en presbítero o sacerdote, el 21 de diciembre de 1799, ordenación que recibió de manos del mismo obispo que le había confirmado años antes. De aquel momento, le recordaba mucho tiempo después, uno de sus connovicios: fray Francisco Puente, palentino de Saldaña. Éste, como fraile exclaustrado, fue preconizado obispo de Puerto Rico primero y de Segovia después, en 1848. Los progresos en aquellas tierras de los misioneros debieron atraer a fray José, solicitando su paso al convento de Ocaña, “semillero de mártires”.

Sin embargo, se encuentra documentada, incluso sacramentalmente, una visita a su Ventosa natal. Fue en 1801 cuando vino a casar a su hermano Manuel: “en once de junio de 1801, yo el infraescripto fray Joseph Fernández, religioso dominico, presbítero en el convento de Predicadores de la ciudad de Valladolid”, firmando en el libro de matrimonios de la parroquia. Probablemente, sería su última visita, pues en mayo de 1805 salió rumbo a Oriente desde el puerto de Cádiz en un barco inglés, manteniendo por correspondencia, casi siempre desfasada en fecha, comunicación con su familia.