Liturgia y santoral 30/1/21 ML: Sta. MARIA en Sábado

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Memoria Libre: SANTA MARÍA EN SÁBADO

Hebreos 11,1-2.8-10

Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: “Isaac continuará tu descendencia.” Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

 

Interleccional: Lucas 1

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.

Nos ha suscitado una fuerza de salvación / en la casa de David, su siervo, / según lo había predicho desde antiguo / por boca de sus santos profetas. R.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos / y de la mano de todos los que nos odian; / realizando la misericordia / que tuvo con nuestros padres, / recordando su santa alianza. R.

Y el juramento que juró / a nuestro padre Abrahán. / Para concedernos que, libres de temor, / arrancados de la mano de los enemigos, / le sirvamos con santidad y justicia, / en su presencia, todos nuestros días. R.

 

Marcos 4,35-41

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla.” Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!” El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” Se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

 

 

SANTORAL:

  • Santa Aldegunda, San Armentario de Pavia, San Barsimeo, Batilda de Ascania, San David Galván, Santa Jacinta de Mariscotti, San Lesmes o San Adelelmo, Santa Martina, San Matías de Jerusalén, San Muciano María Viaux, San Pablo Ho Hyob, San Teófilo, el Joven, mártir, Santo Tomás Khuong, Santa Abril.
    • Beata Carmela García Moyón, Beato Columba Marmión, Beato Francisco Taylor, Beato Manuel Domingo y Sol, Beato Sebastián Valfré, Beato Segismundo Pisarski.

 

San David Galván Bermúdez (Guadalajara, 29 de enero de 1881 – id. 30 de enero de 1915) fue un sacerdote y santo mexicano.
David Galván nació en Guadalajara, hijo de José Trinidad Galván y Mariana Bermúdez. Esta última moriría cuando su hijo tenía tres años de edad. Más tarde su padre volvió a contraer matrimonio y David quedó al cuidado de su padre, hermanas y su madrastra Victoriana Medina. Desde muy joven tuvo que ayudar a su padre en el taller de zapatería.
Cuando contaba con catorce años, ingresó en el Seminario del Señor San José para cursar la preparatoria, pero se marcharía en 1900 para volver a trabajar en un taller de zapatería. De todas maneras, pediría la readmisión dos años después. Debido a su poca fidelidad, el prefecto general Miguel de la Mora lo sometió durante un año a pruebas rigurosas. Pero resultaba evidente que la personalidad de David se había apaciguado y sorprendió a sus examinadores por su dedicación a la oración mental y su constancia en soportar la adversidad.
Finalmente, fue ordenado el 20 de mayo de 1909 cuando contaba con 28 años y, poco después, se le confirmó como superior del mismo Seminario. Desde sus comienzos como sacerdote, se caracterizó por ayudar a los más pobres. Entre los muchos cargos que ocupó dentro del seminario, fue maestro del Seminario Diocesano, responsable de la cátedra de Latinidad, de la cátedra de Lógica y de la de Derecho Natural y Sociología. También fue fundador y director de la revista del Seminario “Voz de aliento”, desde diciembre de 1910 al año 1912. En esos mismos años, de 1909-1914, fue capellán del Hospital de San José y del Orfanatorio de La Luz, de Guadalajara. pero su labor dentro del seminario se vio interrumpida cuando el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, lo disolvió a raíz de la detención de 120 clérigos.
En 1914, mientras era vicario de Amátitán ayudó a una jovencita que era perseguida por el militar Enrique Vera, negándole que contrajera nupcias porque ya estaba casado. Esto acarreó al padre Galván la enemistad del teniente, quien se convirtió en su verdugo. Fue aprehendido por órdenes del susodicho capitán. El arresto carecía de sustento, razón por la cual el Padre David recuperó su libertad.

El sábado 30 de enero de 1915, se registraron en Guadalajara violentos enfrentamientos entre hueste villistas y carrancistas; los presbíteros David Galván y José María Araiza, se dispusieron a auxiliar a los moribundos y heridos. Cuando cruzaban el jardín botánico, frente al viejo Hospital de San Miguel, fueron interceptados por Enrique Vera, quien ordenó su arresto inmediato y sin juicio previo, le condenaron a la pena de muerte. Un oportuno indulto salvó la vida del Padre Araiza pero Galván no correría la misma suerte, remitido a la calle Coronel Calderón, junto a la banda del Cementerio de Belén. Frente al pelotón de fusilamiento y sin perder la entereza, la víctima distribuyó los objetos de valor que portaba. No quiso que le vendaran los ojos y frente a los encargados de ejecutarlo, se señaló serenamente el pecho para recibir las balas.

 

Coronación  Canónica de la Virgen de los Dolores 2023

¡¡¡ELLA SE LO MERECE TODO!!!