Liturgia y santoral 30/10/13 MIÉRCOLES

FERIA
– Rom 8, 26-30. A los que aman a Dios todo les sirve para el bien.
– Sal 12. R. Yo confío, Señor, en tu misericordia.
– Lc 13, 22-30. Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” Jesús les dijo: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; y él os replicará: “No sé quiénes sois.” Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.” Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.” Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.”

SANTORAL:
Santos: Zenobio, obispo y mártir; Arilde, Irene, Atanasio, confesores; Gerardo, Celsino, Pimenio, Germán, Asterio, obispos; Claudio, Lucano, Marcelo, Luperco, Victorio, Serapión, Saturnino, Talasio, Bayo, Eutropia, Julián, Euno, Macario, Máximo, mártires; Cenobia, virgen y mártir; Nantero, abad; Domingo Dollins, beato.

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San Zenobio
Obispo de Florencia. Es uno de los patrones de la ciudad, en la que nació a finales del reinado de Constantino I (fallecido en 337). Esmeradamente educado por sus padres paganos, pronto sintió la influencia del santo Obispo Teodoro, del cual recibió el bautismo. Consiguió, no sin antes vencer obstinada resistencia, atraer a su padre y a su madre a la fe cristiana. Se convirtió en clérigo y ascendió rápidamente a la dignidad de archidiácono, en la cual su virtud y notables facultades como predicador llamaron la atención de San Ambrosio. A instancias de éste el Papa Dámaso (366-86) llamó a Zenobio a Roma, donde le empleó en importantes misiones, entre ellas una embajada a Constantinopla. A la muerte de Dámaso regresó a su ciudad natal, donde retomó su labor apostólica, y a la muerte del titular de la sede Zenobio fue llamado a sucederle, con gran gozo de sus fieles. Las antiguas leyendas que narran su vida como obispo —entre las que, no obstante, hay muchas interpolaciones de épocas posteriores— son unánimes en la descripción de la santidad de su vida y sus dones sobrenaturales. Se le atribuyen extraordinarios milagros, entre ellos haber devuelto a la vida a diversas personas fallecidas. Durante su largo episcopado su fervor y su celo como pastor de almas jamás flaqueó. Según cuenta su biógrafo y sucesor en la Silla florentina, Antonio, murió a los 90 años de edad el año 424; pero el mismo Antonio dice que Inocencio I (fallecido en el 417) era en aquel entonces Papa, con lo que no se puede tomar el dato como seguro. Hay razones para creer que murió precisamente ese año 417, el 25 de mayo, fecha en la que cada año se decora con flores la torre en la que se supone que vivió, cerca del Ponte Vechio. Su cuerpo fue enterrado primero en la basílica de San Lorenzo (consagrada por San Ambrosio en el año 393) y luego trasladado a la iglesia de San Salvador, donde hoy se alza la Catedral. Bajo su altar mayor está el relicario en plata del santo, realizado por Ghiberti hacia 1440 en el mismo estilo que sus famosas puertas de bronce. Hay una estatua de San Zenobio en San Marco y muchas otras evocaciones de él por toda la ciudad, en la que todavía se venera su nombre y su recuerdo