Liturgia y santoral 5/3/13 MARTES

FERIA
– Dan 3, 25. 34-43. Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde.
– Sal 24. R. Señor, recuerda tu misericordia.
– Mt 18, 21-35. Si cada cual no perdona de corazón a su hermano, tampoco el Padre os perdonará
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.”

SANTORAL:
Santos: Focas, Eusebio, Pedro, Rústico, Herabo, Mario Palatino, Adrián, mártires; Gerásimo, anacoreta; Juan de la Cruz, Eulampio, Eulogio, Eusebio de Cremona, confesores; Oliva, virgen y mártir; Gregorio, Teófilo, Virgilio y Ciarán de Saighir, obispos; Clemente, abad.

Imagen
San Focas, mártir, Antioquía († 320) En Oriente se le invoca contra la mordedura de las serpientes. Hay varios santos con este nombre (que en Oriente no sonaba a raro, lo lleva un emperador bizantino) y sus historias parecen confundirse. El que invocaban los marineros del Ponto Euxino, del Egeo y del Adriático, ¿era el mismo mártir cuyo santuario estaba en Sinope, en la costa meridional del Mar Negro?. Vivía en las afueras de la ciudad trabajando su huerto, y era acogedor, alegre y hospitalario como pocos. Cuando se decreta una persecución contra los cristianos, no se altera en lo más mínimo, no huye, sigue con su vida de siempre, como si la cosa no fuera con él, porque uno de sus rasgos más característicos es la serenidad o, por así decirlo, la sangre fría. Llegan a su cabaña unos soldados que no le conocen, y él, según su costumbre, les invita a entrar y les sirve de comer; luego les pregunta qué les trae por allí, y le responden que buscan a un tal Focas, hortelano, y que su misión es quitarle la vida por hechicero y encantador. Focas, sin inmutarse, dijo conocer muy bien al hombre a quien buscaban, y aseguró que lo pondría en sus manos, pero que ahora era mejor que descansasen, que él se encargaría de todo. A continuación se fue a cavar su sepultura y a disponer sus últimos preparativos, y a la mañana siguiente se presentó de nuevo ante sus perseguidores diciendo que él era a quien andaban buscando. Los soldados no sabían qué hacer, pero al fin cumplieron las órdenes y le cortaron la cabeza. Según la tradición oriental, san Focas curaba las mordeduras de serpientes venenosas