Liturgia y santoral 6/2/17 MO: S. Francisco S Miguel

Memoria Obligatoria: San Francisco de San Miguel, San Pablo Miki y comp. mártires
Génesis 1,1-19
Dijo Dios, y así fue
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: “Que exista la luz.” Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz “Día”; a la tiniebla, “Noche”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.” E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda “Cielo”. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.” Y así fue. Y llamó Dios a los continentes “Tierra”, y a la masa de las aguas la llamó “Mar”. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.” Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.” Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Salmo responsorial: 103
Goce el Señor con sus obras.
Bendice, alma mía, al Señor, / ¡Dios mío, qué grande eres! / Te vistes de belleza y majestad, / la luz te envuelve como un manto. R.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos, / y no vacilará jamás; / la cubriste con el manto del océano, / y las aguas se posaron sobre las montañas. R.
De los manantiales sacas los ríos, / para que fluyan entre los montes; / junto a ellos habitan las aves del cielo, / y entre las frondas se oye su canto. R.
Cuántas son tus obras, Señor, / y todas las hiciste con sabiduría; / la tierra está llena de tus criaturas. / ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
Marcos 6, 53-56
Los que lo tocaban se ponían sanos
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

SANTORAL:
Santos: Pablo Miki y compañeros protomártires de Japón; Dorotea y Teófilo, Saturnino, Revocata, Antoniano, mártires; Guarino, cardenal; Amando, obispo; Amancio, Gelasio, confesores.

Imagen
San Francisco de San Miguel
Solo un vecino de La Parrilla puede describir la devoción que siente por su patrón San Francisco de San Miguel (Francisco de Burgos Gutiérrez), nacido en la localidad en el año 1549. Su intensa vida como fraile franciscano, tras un periplo por distintos conventos españoles, le llevó a Manila ante la falta de religiosos, hasta que en mayo de 1593 partió de Filipinas para llegar hasta Japón después de treinta días de navegación.

Una vez allí, y debido a un incidente ocurrido con un barco español, el emperador nipón decidió apresar a todos los misioneros en diciembre de 1596 y pocos meses después, tras ser trasladado a la cárcel con las manos atadas y donde se le cortó un trozo de oreja, ‘el padre conciencia’ como le llamaban, fue crucificado -clavado en una cruz y atravesado por dos lanzas en forma de aspa-, la mañana del 5 de febrero de 1597 junto a otros 25 misioneros.

Entonces, beatificado por el Pontífice Urbano VIII en 1627 y canonizado por el Papa Pío IX en 1862, también los parrillanos pocos años después de su trágica muerte construyeron una capilla sobre el solar de la casa en la que nació, la actual ermita de San Francisco de San Miguel, de estilo barroco, con una sola nave entre pilastras adosadas cubierta de arista con yeserías, con crucería la capilla mayor y con una escultura de vestir del santo en su interior