Liturgia y santoral 7/4/21 MIÉRCOLES OCTAVA PASCUA

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MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Hechos 3,1-10

Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar

En aquellos días, subían al templo Pedro y Juan, a la oración de media tarde, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo: “Míranos.” Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.”

Agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. La gente lo vio andar alabando a Dios; al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa, quedaron estupefactos ante lo sucedido.

 

Salmo responsorial: 104

Que se alegren los que buscan al Señor.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, / dad a conocer sus hazañas a los pueblos. / Cantadle al son de instrumentos, / hablad de sus maravillas. R.

Gloriaos de su nombre santo, / que se alegren los que buscan al Señor. / Recurrid al Señor y a su poder, / buscad continuamente su rostro. R.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; / hijos de Jacob, su elegido! / El Señor es nuestro Dios, / él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente, / de la palabra dada, por mil generaciones; / de la alianza sellada con Abrahán, / del juramento hecho a Isaac. R.

 

Lucas 24,13-35

Lo reconocieron al partir el pan

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.”

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.” Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.” Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

 

SANTORAL:

  • San Afraates, San Aiberto, San Caliopio, San Enrique Walpole, San Germán José de Colonia, San Hegesipo, San Hermano José, San Jorge de Lesbos, San Juan Bautista de La Salle, San Pedro Nguyen Van Luu, San Pelusio, San Sabas de Calimnos.
    • Beato Alejandro Rawlins, Beato Eduardo Oldcorne, Beata María Asunto Pallotta, Beato Rodolfo Ashley.

 

San Juan Bautista de la Salle nació el 30 de abril de 1651 en Reims (Francia). Un mundo muy diferente al nuestro. Era hijo de una familia adinerada en la Francia de hace 300 años.
En ese momento, unas pocas personas vivían en el lujo, pero la mayoría de la gente era extremadamente pobre: campesinos en las zonas rurales y habitantes de los suburbios de las ciudades. Solo unos pocos podían enviar a sus hijos a la escuela. La mayoría de los niños tenían pocas esperanzas para el futuro.


Juan fue ordenado sacerdote a los 27 años. Dios le llevó, de compromiso en compromiso, a hacerse responsable de la educación de los niños pobres, llamándole a entregar sus riquezas a los pobres y abandonar lo que podría haber sido una prometedora carrera. Juntó a un grupo de jóvenes a su alrededor y, con su ayuda, abrió escuelas gratuitas. Empezaron a vivir en comunidad y tomaron el nombre de Hermanos de las Escuelas Cristianas (ahora conocidos generalmente como Hermanos de la Salle) porque iban a ser hermanos de los jóvenes, de Jesús y también unos de otros. Dedicarán toda su vida a ayudar a los jóvenes a descubrir la cultura y el Reino de Dios, por sí mismos.

De la Salle invitaba a los alumnos a crecer en el conocimiento de la presencia de Dios en sus vidas. A través de este espíritu de fe, quería descubrir cómo todo lo que ocurre puede hablar del cuidado amoroso de Dios hacia cada uno. Esta convicción se convirtió en un hábito para los maestros y los alumnos de sus escuelas (el hacer alguna pausa a lo largo del día y recordar la presencia de Dios). Promovía de esta manera, una forma de ver el mundo y un creciente sentido del caminar en la presencia de Dios.

Juan Bautista de la Salle transformó toda la educación de su tiempo. Algo que hoy resulta evidente, no lo era tanto en su tiempo. Los alumnos de las escuelas eran instruidos de uno en uno, él revolucionó las escuelas al enseñar a toda una clase a la vez. Por entonces las clases eran en Latín, es sus escuelas se enseñará en la propia lengua (francés en su caso).
Juan fue un pionero en la fundación de Escuelas de Formación de Maestros, escuelas especiales para jóvenes con condenas judiciales, escuelas técnicas y escuelas secundarias para lenguas modernas, letras y ciencias.

Juan Bautista de la Salle escribió un buen número de obras escolares y espirituales. Entre las primeras destaca La Guía de las Escuelas Cristianas, el mejor libro de pedagogía del siglo XVII y el que se hizo dominante en las escuelas francesas de varones hasta nuestro siglo (Cfr Saturnino Gallego B.A.C. 478). Hay que destacar de él que fue un libro colectivo en el que Juan Bautista de la Salle recogió su propia experiencia pedagógica y la de los primeros Hermanos. También podíamos destacar como manual importante el titulado Reglas de la Cortesía y Urbanidad Cristianas. De lectura obligatoria por los escolares y con atinados consejos de la buena educación francesa adaptados a los hijos de los artesanos y los pobres que acudían a sus escuelas. Escribió también silabarios, salterios y catecismos para uso escolar.

Entre las obras de carácter espiritual es de destacar el libro Meditaciones. En las 16 tituladas: Meditaciones para el tiempo de retiro (a penas 40 folios) traza un completo itinerario espiritual para los maestros cristianos.

Juan Bautista de la Salle muere el 7 de abril de 1719.

En 1900 Juan Bautista de la Salle fue declarado Santo.

En 1950, por su vida y sus escritos inspiradores, fue nombrado Santo Patrón de todos los que trabajan en la educación. Juan Bautista de la Salle inspiró a otros cómo enseñar y cuidar a los jóvenes, cómo enfrentarse al error y a la fragilidad con compasión, cómo afirmar, reforzar, animar.

 

Coronación  Canónica de la Virgen de los Dolores 2023

¡¡¡TU ORACION ES SU CORONA!!!